Opiniones

Profe Palou

Por: David Villanueva Lomelí

En el centro del paisaje bibliográfico, histórico y cultural, e incluso político de Puebla se encuentra don Pedro Ángel Palou Pérez, nuestro cronista, nuestro “profesor”, como cariñosa y agradecidamente lo llamamos. A un año de su partida, seguimos cosechando una vida de trabajo intenso que realizó a favor de la conservación, preservación y difusión de la cultura poblana.

Su legado es el de los grandes hombres de la Historia: infinito y trascendental. Como bien lo aseguró su amigo de la infancia en el colegio jesuita, el escritor Salvador Elizondo: don Pedro Palou Pérez tomaba todos sus proyectos con entusiasmo y con la seguridad del éxito; y esos proyectos tuvieron que ver con rescatar el patrimonio, divulgar el arte, contagiar a los jóvenes con el deporte, involucrar a la sociedad en la transmisión de las tradiciones y asegurar, de alguna u otra manera, que las autoridades cumplieran con el encargo de estas tareas.


Parafraseando a su también amigo Reyes Heroles, fue poblano por pensamiento y obra. Muy chico emigró de su natal Orizaba al internado jesuita, el Instituto Oriente. Todavía como alumno del bachillerato, comenzó su vocación pedagógica enseñando Historia a los alumnos, tan solo unos años más jóvenes que él. En el IO formó a decenas de generaciones que no fueron inmunes al fervor con el que les impartió sus conocimientos. Sus alumnos se volvieron sus amigos, sus amigos siempre fueron sus alumnos.

Al mismo tiempo, se dedicó a su deporte favorito, el futbol, siendo entrenador y cronista deportivo, tanto en la radio como en el periódico. Desde entonces, tomaría la pluma como una extensión de su pensamiento: ni un solo día dejó de escribir. Fue el primer Secretario de Cultura de Puebla, y como tal, fue un gestor incansable de las casas de cultura en los municipios como un detonante de paz social.

De costumbres reacias, pero también, como su personaje histórico favorito a quien le dedicó muchos libros y rescató su memoria, Juan de Palafox y Mendoza, el Profe. fue “de escoplo y martillo”. Al noveno obispo de Puebla le dedicó gran parte de su vida hasta lograr su beatificación, el reconocimiento de la sociedad a su herencia, y la conservación de su amada Biblioteca Palafoxiana.

Entre la bibliografía extensa que dejó se encuentra una veintena de fascículos publicados en la década de los noventa sobre la época novohispana. También, fue el responsable de que se retomara la importancia histórica de Puebla en la Batalla del 5 de Mayo y del Sitio de 1863. De igual forma, le debemos la investigación sobre la familia Serdán, su importancia en la Revolución mexicana. Entre sus batallas personales, estuvo el rescate de la excárcel de San Javier, del Teatro Principal, de los Colegios Tridentinos y de la denominación del Centro histórico de Puebla como Patrimonio Mundial.

Su luminosidad, como la de los hombres que hicieron historia, no va a menguar jamás, pues nos ha dejado un sin fin de tareas por realizar para bien de Puebla. Apoyados en las investigaciones que publicó, orientados por los cronistas que preparó, alentados por sus palabras que aun se escuchan en la Casa de Cultura, que hoy lleva su nombre, que fue su última y más querida morada, tenemos la encomienda de velar por la grandeza de Puebla, y por la buena memoria de nuestro Profe. Pedro Ángel Palou Pérez, a quien, agradecemos, dicho sea de paso, la deferencia de su amistad.

En la Corresponsalía Puebla del Seminario de Cultura Mexicana, honraremos su memoria, con motivo del primer aniversario luctuoso.

Mi agradecimiento y reconocimiento a Don Pedro Ángel Palou y a su familia.